De la amistad he aprendido el desinterés.
Aprendí que la distancia no es un muro para la complicidad y que los amigos del tiempo, son para la vida.
De la felicidad he aprendido lo imperceptible.
Aprendí que sólo cuando pierdes la felicidad, te das cuenta realmente cuán feliz eras.
Del amor he aprendido la lealtad y la libertad.
Aprendí que la sinceridad genera lazos fuertes y la libertad, enamora, encanta.
Del dolor he aprendido el valor.
Aprendí que lo que duele, te hace fuerte. Lo que duele un tiempo, perdura mucho más.
De la escritura he aprendido el disfrute.
Aprendí que mi compañera interminable, infaltable, inacabable, eterna será la inspiración que me da la vida misma; que hace que yo no duerma en las noches y coja un lápiz para escribir.
Del tiempo he aprendido la paciencia.
Aprendí que las respuestas que no da el tiempo, no las dice nadie. El tiempo es el mejor amigo de los años, pero el peor enemigo del que desespera.
De la soledad he aprendido el desapego.
Aprendí que las compañías veraces te acompañan a lo largo de tu vida; presentes o ausentes físicamente pero siempre con la mente.
De la alegría he aprendido a sonreír.
Aprendí que la risa contagia buenas energías y eso produce paz interior.
De la tranquilidad he aprendido la clave de la vida.
Aprendí que sólo cuando reflejas calma, mantienes el equilibrio en todo.
De la vida he aprendido a vivir.
...Porque vivir, sólo cuesta vida.
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