martes, 28 de septiembre de 2010

Sentidos.


                                             


Nos hemos equivocado.
Los recuerdos no pertenecen a nuestra mente.
Los recuerdos pertenecen a nuestro cuerpo.
Porque son las sensaciones, las dueñas de la memoria.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Esclavos fuimos, esclavos somos.

Y vuelvo a lo mismo... La independencia de nosotros está cada vez más lejos. Esclavos fuimos, esclavos somos.

Hemos perdido el contacto por tanto contacto.
Hemos ido volviéndonos dependientes de aparatos que creamos nosotros mismos y, que, ahora parecen ser nuestros creadores.
Ya no hay tiempo para la admiración.
Ya no hay tiempo para mirar el cielo y notar que cambió de color.
Ya no hay tiempo para aprender a escribir en un papel.
Ya sólo parece que hay tiempo para hundir teclados cada vez más pequeños.

¡¿Dónde está el tiempo?!
...El tiempo debería estar en la mente, el tiempo real debería ser equivalente al tiempo de los sueños; inexistente.
Nos hemos vuelto esclavos, más que del tiempo, de nuestras propias creaciones.
Nos hemos vuelto esclavos de nuestras propias ideas, implantadas por el monstro capitalista que expande sus brazos sobre el mundo.

No bastó con el reloj. No bastó con controlar el tiempo, con decirle a los segundos que estaban totalmente manejados por un par de manecillas y doce números. No bastó con decirle al tiempo: no tenés tiempo.


Los Blackberry ahora dicen “mundo: te controlo”. La risa, la tristeza, los mensajes, los pensamientos y por supuesto, el tiempo, anda siendo controlado por un aparatico creado por el hombre pero que lo domina a su antojo; como si fuera el primero el pensante y no al contrario.

Bienvenidos al inevitable mundo de los esclavos sin tiempo y sin mente.


Y con esto no quiero que me lean como una social-comunista. Con esto pretendo soñar...
Soñar con al menos, una mañana donde el reloj y todos aquellos aparatos controladores sean esclavos de nuestras mentes y no al contrario.

Soñar con gritar "tiempo: no valés lo que un reloj". Soñar con eliminar el título de este escrito de mi mente y de mis letras.

Máquinas de coser

La mente es aquella máquina de coser que se encarga de hilar los pedazos de tela, rotos por otras tijeras.

...Los pedazos de tela son esas ideas que se convertirán en verdades o mentiras, dependiendo de la máquina de coser.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Esclavos del tiempo.

Hoy estuve en una charla en EAFIT sobre el criterio periodístico que los medios de comunicación tienen hoy.
Y esto fue lo que quedó instalado en mi mente...

Mucho se ha hablado de objetividad dentro del periodismo. Mucho se ha hablado sobre la ética que tiene cada periodista. Mucho se ha hablado sobre el papel de responsabilidad social que juegan los medios de comunicación a nivel mundial. Mucho se ha hablado de lo mismo. Yo, personalmente, me cansé.

Me cansé que hablen de los periodistas como seres sin emoción, como máquinas que trabajan sobre otras máquinas; escribiendo el día a día sin ningún tipo de dolor, de sentimiento, de cuestionamiento. Sin ningún tipo de humanización.
La realidad está ante mis ojos y mis ojos son diferentes del resto; y entonces cada cosa que pasa por mí, estará filtrada por ellos, estará sujeta a mi interpretación, a mi valoración, a mi humanidad. Por esto, me declaro subjetiva. No soy de palo ni de acero y no quiero serlo.

¿Cuál es el sentido de decir si la objetividad es lo bueno? ¿Qué sentido encontramos en declararnos objetivos si estamos, como periodistas, perdiendo el sentido mismo de la realidad?

Salga, encuentre la noticia, reportee, escriba, edite... Y ya está. Su jefe estará contento porque mostró el lado bueno del medio para el que trabaja, porque no lo perjudicó. Si encuentra una noticia que vaya en contra de la política de su medio; ni siquiera la escriba y si lo hace, busque otro trabajo.

¿Para qué hablar de objetividad si dependemos tanto del criterio de un medio? ¿Para qué hablar de objetividad si estamos sujetos a la subjetividad de un editor, un jefe de redacción? ¿Realmente estamos siendo objetivos al trabajar bajo tantos criterios?

...Falta independencia. Pero independencia de verdad. Al periodismo le hace falta un grito como el de 1810, pero que siga vigente, latente y que no se pierda con los años. Al periodismo le hace falta memoria.

Memoria para recordar que el periodismo es contar historias. Memoria para recordar que el periodismo es el día a día pero sin afanes. Memoria para recordar periodistas como Gay Talese, donde el tiempo no existía. Donde el reloj no determinaba las historias, sino las historias al tiempo.

Me atrevo a decir que la dependencia que tenemos por los medios es porque nos hemos vuelto esclavos del tiempo. Porque un reloj nos acelera la vida, los pasos. Porque el afán por tener una noticia primero que cualquier otro medio nos lleva a la pérdida de la memoria, a la incansable búsqueda de la satisfacción ajena y entonces... a un periodismo hecho por otros.
Por ojos de otros, por pensamientos de otros, por sentimientos de otros, por afanes de otros, por vidas de otros y terminamos siendo esclavos de otros. Terminamos siendo la sombra de otros.

¡Yo decido entonces quitarme el reloj e irme para algún lugar de la eternidad; sin afanes, sin mochilas, con memoria y sin tiempo!




lunes, 13 de septiembre de 2010

Dudas que no admiten preguntas.

(Diario de campo. 2: 00 p.m. De esas conversaciones que escuchas sin querer en la calle y que recuerdas también sin querer; por inercia...)

-¿Mami, cuándo llega mi papá?

-Un día de estos, cuando no preguntes más.

-¿Y cómo le digo a mi mente que no pregunte más?


jueves, 2 de septiembre de 2010

Diario de campo - 11 de la mañana, debajo de un árbol.

El cielo está bonito hoy, azul. ¿Cuándo no?
Las nubes tan efímeras, tan móviles, tan estáticas...
Las montañas que cambian de color, por la lejanía de ellas o de mis ojos.
Y esa tranquilidad que se ve allá; en ese punto donde la ciudad empieza a parecerse una pintura y todo está tan quieto, tan en silencio, tan respirable.

El viento de allá no es igual que el de acá; el de allá no logra mover las hojas de los árboles pero permanece intacto. El de acá hace que la naturaleza se muestre viva pero nadie lo siente y está lleno de humo.
Y yo no soy más que un gallinazo, queriendo vivir el aire de allá pero sintiendo el de acá. No soy más que un gallinazo divisando la ciudad desde el poste de una luz.