Hoy estuve en una charla en EAFIT sobre el criterio periodístico que los medios de comunicación tienen hoy.
Y esto fue lo que quedó instalado en mi mente...
Mucho se ha hablado de objetividad dentro del periodismo. Mucho se ha hablado sobre la ética que tiene cada periodista. Mucho se ha hablado sobre el papel de responsabilidad social que juegan los medios de comunicación a nivel mundial. Mucho se ha hablado de lo mismo. Yo, personalmente, me cansé.
Me cansé que hablen de los periodistas como seres sin emoción, como máquinas que trabajan sobre otras máquinas; escribiendo el día a día sin ningún tipo de dolor, de sentimiento, de cuestionamiento. Sin ningún tipo de humanización.
La realidad está ante mis ojos y mis ojos son diferentes del resto; y entonces cada cosa que pasa por mí, estará filtrada por ellos, estará sujeta a mi interpretación, a mi valoración, a mi humanidad. Por esto, me declaro subjetiva. No soy de palo ni de acero y no quiero serlo.
¿Cuál es el sentido de decir si la objetividad es lo bueno? ¿Qué sentido encontramos en declararnos objetivos si estamos, como periodistas, perdiendo el sentido mismo de la realidad?
Salga, encuentre la noticia, reportee, escriba, edite... Y ya está. Su jefe estará contento porque mostró el lado bueno del medio para el que trabaja, porque no lo perjudicó. Si encuentra una noticia que vaya en contra de la política de su medio; ni siquiera la escriba y si lo hace, busque otro trabajo.
¿Para qué hablar de objetividad si dependemos tanto del criterio de un medio? ¿Para qué hablar de objetividad si estamos sujetos a la subjetividad de un editor, un jefe de redacción? ¿Realmente estamos siendo objetivos al trabajar bajo tantos criterios?
...Falta independencia. Pero independencia de verdad. Al periodismo le hace falta un grito como el de 1810, pero que siga vigente, latente y que no se pierda con los años. Al periodismo le hace falta memoria.
Memoria para recordar que el periodismo es contar historias. Memoria para recordar que el periodismo es el día a día pero sin afanes. Memoria para recordar periodistas como Gay Talese, donde el tiempo no existía. Donde el reloj no determinaba las historias, sino las historias al tiempo.
Me atrevo a decir que la dependencia que tenemos por los medios es porque nos hemos vuelto esclavos del tiempo. Porque un reloj nos acelera la vida, los pasos. Porque el afán por tener una noticia primero que cualquier otro medio nos lleva a la pérdida de la memoria, a la incansable búsqueda de la satisfacción ajena y entonces... a un periodismo hecho por otros.
Por ojos de otros, por pensamientos de otros, por sentimientos de otros, por afanes de otros, por vidas de otros y terminamos siendo esclavos de otros. Terminamos siendo la sombra de otros.
¡Yo decido entonces quitarme el reloj e irme para algún lugar de la eternidad; sin afanes, sin mochilas, con memoria y sin tiempo!

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