jueves, 2 de septiembre de 2010

Diario de campo - 11 de la mañana, debajo de un árbol.

El cielo está bonito hoy, azul. ¿Cuándo no?
Las nubes tan efímeras, tan móviles, tan estáticas...
Las montañas que cambian de color, por la lejanía de ellas o de mis ojos.
Y esa tranquilidad que se ve allá; en ese punto donde la ciudad empieza a parecerse una pintura y todo está tan quieto, tan en silencio, tan respirable.

El viento de allá no es igual que el de acá; el de allá no logra mover las hojas de los árboles pero permanece intacto. El de acá hace que la naturaleza se muestre viva pero nadie lo siente y está lleno de humo.
Y yo no soy más que un gallinazo, queriendo vivir el aire de allá pero sintiendo el de acá. No soy más que un gallinazo divisando la ciudad desde el poste de una luz.

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